Pese a tener una cultura preponderantemente católica, es una pena que en Chile no celebremos en forma masiva el Carnaval. La razón puede ser porque normalmente ocurre en febrero, cuando la mayoría de los chilenos está de vacaciones. Aunque en mi investigación por el internet descubrí que en 1816, el gobierno de Casimiro Marcó del Pont prohibió el desarrollo de carnavales en territorio chileno “principalmente por las gentes que se apandillan a sostener entre sí los risibles juegos y vulgaridades de arrojarse agua unas a otras”. Increíble, verdad?

Esta fiesta se asocia principalmente con el catolicismo y se celebra justo antes de la cuaresma cristiana. Antes de que comience la preparación a la semana santa y los tiempos de ayuno (sin comer carne, de ahí la palabra “carnaval”), el Carnaval es un período en el que se permite un mayor autodescontrol y permisividad.

Lo cierto es que antes de vivir en Europa no sabía que existían, aparte del de Venecia, los carnavales de “invierno”, porque siempre se asocia esta fiesta callejera con disfraces y desfiles con lo que se ve en Río de Janeiro o en otros países del Caribe, como Trinidad y Tobago. Pero además de estos países, existen carnavales con fuerte tradición en España y Alemania, donde más bien tiene un carácter lúdico, aunque no por eso menos serio.

Estando en el Carnaval de Colonia, pude registrar algunos disfraces con estilo, aunque es impresionante la cantidad diferente y variada de los trajes que hay.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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