Sobre los anteojos está casi todo dicho o escrito. Sólo basta navegar un poco por Internet para toparse con páginas que describen qué forma de anteojo es la mejor para determinado tipo de cara.

Aun con todo este flujo de información que nos ayuda al momento de ir de compras, todavía hay personas que se empeñan en usar lo que no les queda bien, sólo por el hecho de que está de moda o porque es lo que usa Paris Hilton (?) o Katie Holmes.

Con los anteojos no hay dónde perderse. Cuando quedan bien se nota y es claramente reconocible si es el adecuado o no. En este caso no es mala idea preguntar: “¿cómo me queda?” a quienes están contigo, igual si son vendedoras o tu amiga o tu novio. Ya que no está en juego ninguna parte del cuerpo que pueda engordar o adelgazar, seguro te dirán la verdad…

Aparte de eso, la comodidad y la calidad están casi primero, sobre todo en lo que se refiere a la protección contra los rayos UV. Por eso, hace tiempo que desistí de comprarme anteojos en la calle por dos mil pesos y este “accesorio” pasó ahora a ser parte de los artículos en los que realmente invierto.

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